“La música es como los seres humanos. Existe una sola raza, pero dentro de esa unidad hay varias culturas, muchos intereses y múltiples acentos. Es un concepto general cuya diversidad es su principal virtud”, comenta uno de los discípulos más aventajados del maestro español Andrés Segovia. Y es que Eliot Fisk se ha movido con responsabilidad y convicción por estilos tan disímiles como la música clásica, el flamenco, los ritmos étnicos y las sonoridades turcas.
Con su guitarra ha tenido acceso a un portal inmenso en el que se encuentra ubicado el lenguaje humano, porque él puede estar en cualquier país y a través de la música consigue establecer comunicación diáfana y directa con el público. el espectador
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